Una casa rural: un negocio en el que nada puede fallar

Cuando decidí montar una casa rural, muchos me dijeron que estaba loco. La verdad es que no es España un lugar para emprender. Los pobres empresarios son los grandes paganinis de todo esto. Así que mis amigos pensaban que aquello sería demasiado trabajo, que no encontraría clientes y que el turismo rural ya estaba muy visto.

Pero yo tenía una ilusión enorme y, sobre todo, una finca que había heredado de mis padres y que llevaba años abandonada. Cada vez que iba a verla, imaginaba allí pensaba que iba a ser el lugar perfecto para montar mi casa rural.

Los primeros meses fueron duros, vale, muy duros. Tuve que arreglar la casa principal, reforzar paredes, cambiar el tejado y renovar toda la carpintería. Poco a poco fui viendo cómo la casa recuperaba el espíritu que tenía cuando yo era pequeño. Era como devolverle el alma. Luego añadí dos habitaciones exteriores para huéspedes, una zona de barbacoa, un pequeño huerto y, por supuesto, una piscina que se convirtió en el centro de todo.

Cuando abrí la casa rural, para mi sorpresa, las reservas empezaron a llegar rápido. La gente buscaba un sitio donde descansar, rodeado de naturaleza y lejos del ruido de la ciudad. Los comentarios eran muy buenos y los clientes repetían. Cada temporada parecía mejor que la anterior. Yo estaba orgulloso porque sentía que todo el esfuerzo había valido la pena, y esto no siempre es así.

Pero, aunque todo funcionaba casi perfecto, había un problema que cada día se hacía más grande: el césped de la piscina.

No importaba cuánto lo regara, abonara o cuidara. Cada verano, cuando el calor empezaba a apretar, el césped se ponía feo, seco, quemado por el sol y por el cloro. Era desesperante. Yo quería que el entorno de la piscina fuera bonito, verde y agradable, pero lo único que conseguía era un borde lleno de calvas, barro y zonas amarillentas. Y claro, los clientes lo notaban.

El único ‘pero’

Muchos me decían, y lo ponían en las reseñas de las redes sociales:
—La casa es preciosa, pero el césped podría estar mejor.
Y tenían razón. Yo sabía que aquello estropeaba la imagen del lugar y que, aunque la gente era amable, ese detalle me estaba restando puntos.

Probé de todo, y cuando os digo que de todo es que es de todo: sembrar de nuevo, cambiar el riego, contratar a un jardinero… pero el problema volvía una y otra vez. Hasta que un día un cliente habitual, al que tengo mucho aprecio, me dijo:
—Mira, deja de pelearte con el césped natural. Pon césped artificial. Hay empresas muy buenas que trabajan con piscinas.
Aquello me hizo pensar. Yo siempre había tenido la idea de que el césped artificial era duro, feo y como de plástico, pero ese cliente insistió en que la tecnología había avanzado muchísimo.

Me puse a buscar y fue entonces cuando conocí a a Verde Ibérica. Desde el primer momento me llamó la atención que son líderes indiscutibles en el mercado de césped artificial y que trabajan como instaladores de césped artificial en Madrid, además de ser especialistas en la distribución y suministro de césped artificial Turfgrass, tanto para particulares como para jardineros, instaladores y distribuidores. Todo eso me dio mucha confianza.

Contacté con ellos y el trato fue excelente desde el primer minuto. Su equipo de instaladores se desplazó hasta mi casa rural para ver el terreno real, tomar medidas y planificar una instalación totalmente adaptada al espacio. Me sorprendió mucho que no se limitaran a colocar césped sin más; se fijaron en todo: los bordes irregulares, la zona de madera que rodea la piscina, e incluso las pequeñas escaleras laterales. Me explicaron que trabajan con todo tipo de diseños: rectangulares, circulares, zonas con escalones, combinaciones con piedra, baldosa o madera. Eso me tranquilizó porque mi piscina no es precisamente sencilla.

Otra ventaja enorme es que elimina el barro, el polvo y las zonas erosionadas. Eso siempre había sido un problema para mí, sobre todo después de muchos baños seguidos. Y por último, la estética: queda perfecto, uniforme, verde y sin calvas. Justo lo que necesitaba.

La instalación fue rápida y muy profesional. Cuando vi el resultado final, no pude evitar emocionarme. De repente, la zona de la piscina parecía otra. Todo estaba limpio, bonito, seguro y muy natural. Los clientes empezaron a notarlo desde el primer fin de semana. Muchos me decían:
—¡Qué césped tan bueno! Parece de verdad.
Y ahí supe que había tomado la decisión correcta.

Hoy, gracias a esta empresa, siento que la casa rural está completa. Mi negocio funciona mejor que nunca y ya no tengo que preocuparme del césped quemado, de las manchas, del barro ni de las quejas. Así sí se puede.

 

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